«En un edificio en llamas —declaró Alberto [Giacometti] en cierta ocasión—, salvaría a un gato antes que a un Rembrandt». Ese orden de prioridades expresaba una profunda reverencia por la vida. También revelaba la conciencia de que el arte pesa poco cuando se pone en la balanza frente a la vida y la muerte. Sin embargo, el trabajo artístico exigía someterse a sus necesidades, aun cuando satisfacerlas pareciera implicar cierta indiferencia, en primer lugar, hacia sí mismo y, en segundo, hacia aquellos cuya cercanía y cuyos sentimientos los hacían especialmente vulnerables a esa indiferencia.
JAMES LORD, fragmento de Giacometti: A Biography, Farrar Straus Giroux, New York, 1985, traducción de ChatGPT + Maricrónica, p. 299.
